Una mujer compra un yate. Uno de los colchones del yate era muy viejo. La nueva dueña se lo regaló a un jardín maternal. Las directoras de dicho centro notaron que los chicos lloraban a menudo por los ruidos extraños que salían del colchón. Lo hicieron repatizar. Y entonces encontraron que el ruido provenía de un conjunto de cartas, fotos y escritos que estaban encerrados en un plástico.
Esos materiales fueron devueltos a la mujer que había comprado el yate. Y esta al leerlos, se impacta. Era una apasionante historia de amores, transgresiones, intentos de recomenzar la vida, pérdidas y heridas que cicatrizan muy lentamente.
Amigo suyo, nunca (Grupo Editor Latinoamericano, Buenos Aires, 2008) es una de las sorpresas muy gratas en lecturas literarias de este año para quien esto escribe. La autora es uruguaya, se llama Ana Inés Camp (1960), experta en informática, que después de veinte años en su profesión descubre la pasión literaria. Gracias a Ana Bettina López Garelli, hermana de nuestra colega de Telefuturo Sanie López Garelli, quien le entregó un ejemplar a mi hermana Fátima, llegué a esta estupenda historia.
La narradora va reconstruyendo a partir de esos objetos que alguien dejó en el colchón la travesía existencial de dos amigas de juventud, Adriana y Nicole. Después de varios años de no saber nada una de otra, habían compartido un tiempo en Washington, se reencuentran para un periplo en yate en el Caribe. Adriana es colombiana y Nicole es argentina.
En ese nuevo cruce de caminos ambas van descubriendo los hilos de sus vidas. Adriana es lesbiana, Nicole atraviesa momentos tormentosos en su matrimonio. Aparece Raquel, terapeuta de Nicole, quien queda prendada de Adriana.
En gran medida, Amigo suyo, nunca es un recorrido por la vida en uno de esos pasajes en que hay que tomar decisiones. Es cuando se abren varios rumbos que quizás, nunca nos atrevimos a tomar, pero que, sin previo aviso, a partir de reencuentros con el pasado, se abren ventanas nuevas hacia el futuro.
Esta conmovedora novela de Ana Inés Camp es además una invitación a mirar cada tanto nuestro derrotero, sentir los vientos, soltar amarras, decidirse a vivir.