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Miércoles, 20 de mayo de 2009

La eterna espera

La eterna esperaAlguien, no se quien porque en estos días escuche tantas cosas, dijo que los desaparecidos eran peligrosos, revolucionarios que amenazaban al régimen, dispuestos a cualquier cosa con tal de derrocar al Gobierno. Que sus ideales eran oscuros y la forma subversiva violenta. Había que eliminarlos.

Toda lucha implica un riesgo. Una estrategia. Un método.

La cuestión es que el estado debe velar por la integridad del pueblo. La ley es para todos, y no para unos pocos. Las reglas deben ser claras y los objetivos transparentes. Incluso, hasta en una guerra.
Con Stroessner no hubo nada de eso.
Desaparecieron las instituciones o se pusieron en sintonía con la dictadura.
El entorno poderoso ostentaba del poder. Hacía una grosera manipulación de su fuerza obligando a unos pocos a revelarse.

No solo desaparecieron revolucionarios. También desaparecieron sospechosos que no tuvieron la posibilidad de un juicio justo. Desaparecieron "amigos" involucrados en terrorismo por alguna vendetta. Desaparecieron pensadores, profesionales cuyo único delito fue denunciar las atrocidades del Gobierno. Desaparecieron niños de madres embarazadas, desaparecieron rivales comerciales, estudiantes rebeldes y algún que otro ladronzuelo de barrio.

La excusa era perfecta. Un país que tenía el lema: "Paz y Progreso",  no podía caer ante el descontento artificial de unos pocos.

Así, aprendimos a callar. A esperar. A vivir con la única ilusión de ver caer un día al tirano.

Y el día llegó. Así pasaron Rodríguez, Wasmosy, Cubas Grau, González Macchi, Nicanor y Lugo. Hasta que volvió Montanaro y poco después cayó Francisco Ortiz Téllez, ex informante de Stroessner y considerado por las víctimas de la dictadura como una de las piezas claves para el Operativo Cóndor, así volvieron a sangrar las heridas.

Una mañana despertamos sabiendo que había culpables que todavía debían pagar.
Volvimos a acordarnos de los bienes malhabidos y de los torturadores.
De la operación Cóndor y el silencio de la Iglesia.

Creo que es una buena señal. Debemos aprender de los errores del pasado para no repetirlos en el futuro. Pero todo esto me dejó un sin sabor. Me recordó a la premiada película de Paz Encina "Hamaca Paraguaya"…

Y me pregunte una y otra vez…¿hasta cuándo vamos a esperar?
Escrito por Mariano Nin de Prensa

(1) comentarios publicados

dany

Jueves 21 de Mayo de 2009 a las 08:42 hs

muy oportuno el comentario. Me parece que estamos sumidos en una larga espera, interminable espera, mezcla de conformismo, pesimismo y desesperanza. Muy bueno Mariano

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