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Viernes, 08 de mayo de 2009

La llaga


Atilio vive con su madre en Areguá. Está sometido a un fuerte complejo de Edipo, celoso enfermizo en relación con ella. Esta viaja a menudo a Asunción para encontrarse con su amante, un pintor sin futuro de nombre Gilberto Torres. Atilio, cuyo padre se había suicidado, sigue a la madre, averigua sobre sus amores clandestinos y para vengarse denuncia a la policía un complot antigubernamental- el tiempo del relato es el de los primeros años de la dictadura de Alfredo Stroessner- cuyo cabecilla está hospedado en la casa de Torres. Con horror comprende después las consecuencias de su acción y termina suicidándose, como su padre, con la pistola que éste había usado años antes.

Esta es la trama angustiante de La llaga (1963) del escritor paraguayo Gabriel Casaccia (1907-1980). Junto con Augusto Roa Bastos (1917-2005), es uno de los creadores de la literatura contemporánea en Paraguay con su obra La Babosa (1952).

Casaccia enfocó toda su obra en bucear, como él mismo decía, en la impotencia de los paraguayos para superar sus frustraciones y círculos viciosos del atraso.

Como apunta  la crítica literaria Teresa Méndez Faith, La llaga es una acabada muestra de esta mirada despiadada: " Todos y cada uno de los personajes terminan  en el fracaso total. Fracasan los planes de Atilio de empezar su negocio de ladrillería en Areguá; fracasan los planes de Gilberto de…hacerse de fama en su profesión con el triunfo de la revolución… fracasa la acción revolucionaria y con ella la de todo el pueblo paraguayo." (Paraguay: novela y exilio. Intercontinental editora, Asunción, 2009, p. 92).

Cuando el domingo 3 de este mes me enteré a través del diario La Nación de Asunción, que uno de nuestros grandes talentos del cine, Marcelo Martinessi, va a encarar su próximo proyecto realizando una adaptación de La llaga, no pude sino sentir que nunca es más actual una traslación al lenguaje fílmico de esta obra maestra de Casaccia.

Somos un país de las oportunidades perdidas.

En una entrevista realizada a fines de la década del setenta con el novelista Armando Almada Roche, Casaccia afirma que "se me ha reprochado el haber visto la parte oscura y menos heroica del alma de mis compatriotas. Tal vez tengan razón. Pero no hay que olvidar sin embargo, que el hombre está hecho de barro y que hace tiempo perdió la inocencia." (Gabriel Casaccia. El padre de la novela en el Paraguay. Una biografía literaria. Arandurá editorial. Asunción, 2007, p. 55).

A casi doscientos años de vida independiente, el Paraguay de hoy tiene bastantes rasgos en común con la pintura de los textos de Casaccia.

Seguimos dando vueltas y enamorados de nuestra mediocridad.
Escrito por Carlos Martini. Docente de la Universidad Católica de Asunción.