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Viernes, 29 de mayo de 2009

SOLO UN SUEÑO


April quería ser actriz. En su primer papel de importancia se revela un fracaso por su falta de talento. Frank, su esposo, había asistido a esa representación. Ya de regreso a casa se produce una agria discusión en la que él le dice sin rodeos que jamás sería una buena actriz. Ella se convierte en una rutinaria ama de casa, con dos hijos. Frank, que alguna vez flirteo con la bohemia, se transforma en un vendedor de una gigantesca compañía, con un buen sueldo.  Cumple con el sueño americano: la pareja consigue una hermosa casa en un idílico barrio residencial de las afueras de Conneticut. Se amaban, pero ya el hastío comenzaba a corroer la relación.

Sólo un sueño (Sam Mendes, 2008) es una de las mejores películas que hemos observado en la cartelera asuncena en lo que va del año. Cuenta en los papeles protagónicos con Kate Winslet y Leonardo Di Caprio, la mítica dupla del Titanic (James Cameron, 1997), que se vuelve a unir por primera vez desde entonces.

El film del director de Belleza Americana ( 2000) disecciona en el contexto de los EE.UU. de la década del cincuenta el progresivo deterioro de los sueños de una pareja que parecía tenerlo todo en términos materiales para ser un matrimonio adaptado al american way of life.

En el subterráneo de los deseos insatisfechos anidó una idea poco realista pero explicable entre tanta monotonía: April le convence a Frank para comenzar de nuevo en París. Ella le persuade que conseguirá trabajo como secretaria y que le mantendrá inicialmente a él.  Frank acepta, nunca muy convencido. Pero cuando surge la posibilidad de un ascenso en la empresa se desencadena el desastre en la pareja. A esa altura, April ya estaba embarazada esperando un tercer hijo. Allí sobreviene la tragedia que deja sin aliento al espectador.

La línea argumental principal se abre en subtramas como la fugaz relación  de April con un vecino casado y cuyo matrimonio, como el de ellos,  sobrevive en la monocromía gris de todos los días.

Es de antología el personaje de un hijo desequilibrado de una vecina que es la agente inmobiliaria de la zona, experto en matemáticas, que vive internado en un hospital psiquiátrico y cada tanto puede salir. Su locura le lleva a decir verdades dolorosas en los encuentros con April y Frank y su definición del matrimonio de estos se aplica a muchos otros resignados a la rutina sin mayores proyecciones que criar a los hijos y tener un buen pasar. Esa definición es contundente: un vacío desesperanzado.

 Con la precisión de un cirujano, Sam Mendes penetra sin piedad en el costado oscuro del sueño americano a través de una pareja que navega sin rumbo entre la fantasía y la monotonía en el microcosmos de un barrio con todas las apariencias de vidas felices pero transido de hipocresías y frustraciones.

Para los  que quieran incursionar en los entresijos del alma humana, Sólo un sueño es más que recomendable.
Escrito por Carlos Martini. Docente de la Universidad Católica de Asunción.